ENTRE DOS MUNDOS
Lo cierto es que no recordaba cuanto tiempo pasaba en ese estado de shock pero sus idas y venidas a ese mundo le resultaban sorprendentes y abrumadoras, pero siempre acababa agotado y no conseguía recordar por que , no se acordaba de nada no sabía donde había estado, ni cuanto tiempo, ni cuando le volvería a suceder. Por si acaso, siempre llevaba en su bolsa unas pastillas que le había recetado el médico hacía tres años, decía que para acordarse de los sueños pero lo cierto era que seguía sucediendo, no recordaba lo que soñaba pero lo sumía en un estado casi hipnótico, de consciencia en ese mundo pero ausente de la realidad. En una de las sesiones a las que se había sometido con el doctor Fernández así había sucedido, en aquella ocasión se había provocado, no sé como por que ocurría de manera espontánea y en cualquier lugar.
Una mañana durante uno de sus paseos habituales, la cabeza comenzó a darle vueltas, intentó asimilar donde estaba y, manteniendo el equilibrio buscó un sitio donde poder sentarse, pero antes de que lograra alcanzarlo estaba tendido en el suelo…
…Había llegado a una playa muy pequeña, no sabía en que lugar me encontraba, creo que nunca había estado, pero parecía una zona tranquila, estaba rodeado de acantilados y la pequeña cala estaba justo en el pueblo, rodeada de restaurantes y hoteles. Sus casas eran maravillosas, todas pintadas de blanco, con unas chimeneas circulares y estrechas y sus escaleras de caracol recuerdo que me llamaron mucho la atención. Todavía quedaban restos de lo que había sido un pueblo de pescadores, pero ahora el turismo lo había invadido todo, principalmente el inglés, todo estaba en ese idioma, pero no estaba allí, aquel clima no podía ser el inglés…”benvido á Carvoeiro”.
Las voces volvían a mi alrededor, escuchaba como la gente, agitada y preocupada, intentaba despertarme, estaba muy nervioso y no dejaba de dar patadas, a pesar de que me estaban sujetando las piernas quería soltarme, la lengua la tenía fuera, no la podía controlar, pero me pusieron un paño para que no la mordiera. Estaba pasando de nuevo, la única manera que tenía de volver era tranquilizarme, intentar calmar mis nervios, sabía que así podría despertar y mi nerviosismo pararía, me tomaría la pastilla y no volvería a suceder, a lo menos con tanta frecuencia como me habían prometido, pero lo cierto era que perdía el control en cualquier parte y lo que me preocupaba realmente era que un día no tuviera a gente que me pudiera ayudar y que no golpeara a nadie como había sucedido en otras ocasiones.
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